retroalimentación científica y cultural

El Tercer Hombre

In número 0 on 21/12/2010 at 12:00 am

El Tercer Hombre (Carol Reed, 1949) Reino Unido

La persecución de Harry Lime (Orson Welles) por las cloacas de Viena es una de las escenas más famosas de la película.

Justo en el momento en que la penicilina estaba a punto para probar su efectividad mediante ensayos clínicos en humanos estaba ocurriendo en Europa una circunstancia un tanto particular. Era 1941 y se estaba desarrollando la más cruenta guerra del siglo XX.

Doce años antes, Alexander Fleming había publicado el descubrimiento de la penicilina por el hongo Penicillium notatum en el British Journal of Experimental Patohology, pero fue el equipo de investigación de Ernst Boris Chain y Sir Walter Florey quienes en la Universidad de Oxford desarrollaron su producción y sustituyeron la cepa del hongo productor. Desde entonces hasta la actualidad es Penicillium chrisogenum quien sintetiza la penicilina G en los laboratorios farmacéuticos.  Los tres investigadores compartirían el premio Nobel en 1945.

En la actualidad el camino para que un medicamento sea aprobado para su utilización en el ser humano es, debido a la rígida legislación, un camino arduo y, a menudo, mucho más largo del deseado por investigadores, empresas y pacientes. En los años cuarenta, con una industria farmacéutica más joven, no se actuaba con tanta cautela al respecto. Sin embargo, fue la guerra el factor decisivo para la rápida aceptación de la penicilina. El conflicto bélico suministró el más macabro, masivo e idóneo banco de pruebas para dicho antibiótico. Aprobación inmediata.

Calloway (derecha) hará una parada técnica en el hospital antes de llevar a Martins (izquierda) al aeropuerto.

En El Tercer Hombre el protagonista se enfrenta a un terrible conflicto en la Viena de la postguerra cuando descubre que a su amigo lo busca la policía por robo y contrabando de penicilina. Este antibiótico era vital en un momento en que todavía había muchos heridos de guerra y  en que las condiciones higiénicas y sanitarias dejaban bastante que desear. En la actualidad, una dosis de penicilina cuesta menos de un euro, pero en aquellos años, en valor relativo, una dosis podía alcanzar los trescientos. Por esta razón, el contrabando era un muy buen negocio, todavía más si se “cortaba” con agua para aumentar los beneficios.

Holly Martins (Joseph Cotten) es un mediocre escritor que llega a la Viena en busca de fortuna tras acudir a la llamada de su amigo Harry Lime (Orson Welles), quien le coloca en el aprieto de tener que protegerle o delatarle ante las autoridades. Después de una visita al hospital, estratégicamente preparada por Calloway, el jefe de la policía militar británica (Trevor Howard), toma definitivamente su decisión. La visión de las secuelas neurológicas de la penicilina adulterada sobre niños a los que se trató para curar la meningitis es lo que despeja sus dudas.

El drama que supone la comercialización fraudulenta de fármacos y su adulteración es el riel de una historia, considerada como la mejor obra del cine británico, llena de suspense, desazón post-bélico y por supuesto, amor gracias a la espléndida Alida Valli.

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